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Esto es lo que pasa cuando el coronavirus ataca tu cuerpo. 22 mar 2020 20:07:28.eldiario.es - eldiario.es.

En estos momentos, se han registrado más de 250.000 casos confirmados de COVID-19 y más de 10.000 muertes por esta causa en el mundo. Las noticias nos informan diariamente sobre los efectos visibles que el coronavirus está provocando en las economías, las sociedades, los sistemas sanitarios y las personas afectadas por este diminuto agente infeccioso. Sin embargo, el origen detrás de este gran caos internacional tiene lugar en el mundo de lo invisible al ojo humano, donde solo los microscopios de mayor potencia y diversas técnicas de laboratorio nos permiten ver o detectar al enemigo público número 1: el virus SARS-CoV-2.

¿Cómo este diminuto agente infeccioso, de apenas 125 nanómetros de diámetro y en el limbo entre la vida y la muerte, ha sido capaz de provocar tal gigantesco efecto sobre el mundo? Así actúa el virus para atacar a las personas:

Infección

Todo comienza en el interior del cuerpo humano, cuando el coronavirus entra en contacto con las mucosas de la nariz, de los ojos o de la boca a partir de secreciones respiratorias de una persona infectada o por el contacto con las manos contaminadas por el virus. Es allí, principalmente en las células de la mucosa respiratoria de las vías respiratorias superiores, donde el virus tiene la oportunidad de introducirse como si fuera un caballo de Troya. La infiltración microscópica ocurre gracias a que este virus ha desarrollado "llaves" específicas (proteínas) que le sirven para abrir las "cerraduras" de estas células humanas y tener vía libre para infiltrarse en ellas. Una de las llaves que utiliza, la proteína S, encaja muy bien con una cerradura, la proteína ACE2, que está presente en la superficie de una gran variedad de células del cuerpo humano.

Incubación

Una vez que el coronavirus ha logrado entrar en las células, este se adueña de las maquinarias celulares para usarlas en su propio beneficio. Obliga a las propias células del cuerpo humano a fabricar millones y millones de copias del virus mediante la síntesis de su ARN (su material genético) y sus proteínas que se ensamblan para crear nuevos virus. Estos nuevos virus salen de las células, destruyéndolas, y se dirigen a las células vecinas para repetir el ciclo indefinidamente.

El virus SARS-CoV-2 es capaz de expandirse y multiplicarse en las células del aparato respiratorio (también en otros tipos de células en menor medida, como las células intestinales), sin que nuestro cuerpo mande señales de alarma durante varios días. Es lo que llamamos el periodo de incubación, el tiempo que pasa desde que se produce el contagio hasta que se desarrollan los síntomas; la calma antes de la tormenta. Este periodo puede ir desde los 2 a los 14 días después de la infección, pero lo más frecuente es que las primeras manifestaciones clínicas ocurran a los 4-5 días. Algunas personas pueden no llegar a manifestar ningún síntoma evidente después de esta etapa, son los casos asintomáticos de COVID-19.

Fase clínica

La expansión del coronavirus por el cuerpo pone en alerta al sistema inmunitario, que responde a través de múltiples y complejos mecanismos para detener su proliferación y atacar a las células infectadas. Es el comienzo de la fase clínica de la enfermedad, donde los síntomas y signos que padece una persona están provocados no solo por la acción del coronavirus, sino también por los sistemas de defensa del cuerpo humano contra este, a través de mecanismos como la inflamación. Los síntomas suelen comenzar en las vías respiratorias superiores y van bajando progresivamente, pasando por los bronquios hasta que, en algunas personas, llega hasta los pulmones.

La enfermedad que provoca el nuevo coronavirus, el COVID-19, puede presentarse clínicamente con unos signos y síntomas muy variados según las características de las personas. Sin embargo, la tos seca (68% de los pacientes afectados), la fiebre (88%) y la dificultad respiratoria (19%) son tres signos clave para sospechar de esta nueva enfermedad. Otros síntomas muy frecuentes, según ha registrado la Organización Mundial de la Salud (OMS), son fatiga general (38%), expectoración (33%), dolor de garganta (14%), dolor de cabeza (14%), dolor muscular o articular (15%), escalofríos (11%), náuseas o vómitos (5%), congestión nasal (5%), diarrea (4%) o expectoración de sangre. Además, múltiples profesionales sanitarios también han observado que en algunos afectados pierden el sentido del olfato y del gusto durante varios días. Durante la fase clínica es cuando se produce la liberación máxima de virus por las mucosas respiratorias, aunque esto también puede darse, en menor medida, en una etapa asintomática o en el proceso de recuperación.

En realidad, síntomas como la fiebre o el dolor de cabeza no están provocados por el virus, sino por la respuesta inmunitaria del cuerpo humano para luchar contra éste. Algo similar ocurre con la muerte, no es solo el coronavirus el que provoca el fallecimiento (a los parásitos no les suele interesar matar a sus hospedadores), sino que está también causado por una respuesta inmunitaria descontrolada (llamada "tormenta de citoquinas") que puede provocar fallo multiorgánico. Aunque aún no se sabe cómo, el coronavirus puede desencadenar una inflamación desproporcionada que causa más daño que beneficio en el paciente.

Cuando el virus consigue desplazarse a los pulmones y el sistema inmunitario responde se produce la neumonía viral, la principal pesadilla de los profesionales sanitarios en esta pandemia. Esta neumonía puede provocar desde una dificultad respiratoria ligera hasta una verdadera asfixia por la imposibilidad de los pulmones para llevar el oxígeno a la sangre. El virus interfiere en este proceso al dañar a las células de los pulmones y causar una gran inflamación que encharca estos órganos, interfiriendo con su función de intercambio de gases.

Afortunadamente, en el 80% de los casos por COVID-19 la enfermedad es leve, hasta el punto de confundirse con gripes o resfriados. Sin embargo, un 15% de los pacientes muestra síntomas graves que requieren hospitalización y un 5% desarrolla síntomas muy graves que deben tratarse en unidades de cuidados intensivos.

Convalecencia

Más del 95% de las personas se recuperan de COVID-19. Sus sistemas inmunitarios logran mantener a raya al coronavirus y destruirlo, produciendo anticuerpos específicos y células defensivas contra este. Los síntomas van poco a poco remitiendo durante alrededor de 1-2 semanas hasta que el cuerpo vuelve a la total normalidad. Durante esta etapa también se ha detectado la liberación de virus por las mucosas respiratorias, aunque en baja cantidad.

Los pacientes que pasan la enfermedad se vuelven inmunes, aunque no podemos precisar aún por cuánto tiempo. Existe la posibilidad de que esta inmunidad sea temporal y que dure de meses a años. Este detalle es clave y decisivo para el futuro de la pandemia. Si, efectivamente, la inmunidad tiene fecha de caducidad, existe la posibilidad de que el coronavirus nos acompañe cíclicamente en epidemias durante varios años, a no ser que una vacuna nos libre del virus que ha puesto patas arriba al mundo tal y como lo conocemos.

El coronavirus sigue su avance en Italia, pero las cifras ofrecidas por el Gobierno este domingo por la tarde son ligeramente más optimistas que las que se publicaron el sábado a la misma hora. Durante las últimas 24 horas han muerto 651 personas con Covid-19 en el país transalpino mientras que 3.957 personas han dado positivo.

El aumento de contagiados y fallecidos es, sin embargo, menor que en el anterior recuento, cuando las autoridades italianas anunciaron 793 fallecidos y 4.821 contagiados el pasado sábado. En total, hay 46.638 infectados en el país y las muertes totales ascienden a 5.476.

El domingo por la tarde, 7.024 pacientes habían recibido el alta hospitalaria, 952 durante el último día. Al mismo tiempo 3.009 personas permanecían en cuidados intensivos, 152 más que ayer. 

Italia es el país con mayor número de casos activos por COVID-19. El jueves pasado el país superó oficialmente a China en número de muertes, con 3.405 fallecimientos en territorio italiano, frente a los 3.245 en China (3.248, este jueves), con menos de la mitad de casos detectados. 

Según los últimos datos analizados por el Instituto Superior de Salud italiano, el perfil de las personas que no logran superar la enfermedad es el de un hombre de 80,5 años.

Pedro Sánchez ha reclamado responsabilidad cívica y disciplina a los españoles para que el confinamiento surta efecto logrando doblegar la curva de contagios. Así lo ha hecho en una comparecencia en Moncloa tras la reunión que ha mantenido por videoconferencia con los presidentes autonómicos, a quienes ha anunciado la decisión del Gobierno de prorrogar al menos quince días más el estado de alarma. "La única opción es la victoria completa", ha expresado convencido de que España logrará revertir la situación de emergencia. 

Como hizo en su rueda de prensa de este sábado por la noche, en la que valoró la semana que ha pasado desde el decreto del estado de alarma, Sánchez ha advertido de que se avecina una "ola muy dura" en la próxima semana, cuando se espera que el número de contagios y de fallecidos en España por el Covid-19 aumente exponencialmente.

El presidente ha asegurado que se pondrá "al límite nuestra capacidad material y moral", pero ha insistido en la necesidad de mantener las "drásticas" e "incómodas" medidas de confinamiento como única "vacuna" por ahora frente a la pandemia. De hecho, ha asegurado que quienes pretenden hacer vida normal son "aliados del virus" así como quienes se encargan de difundir bulos contrarios a los consejos de las autoridades sanitarias. 

Sánchez ha vuelto a rechazar el cierre total de algunos focos, como la Comunidad de Madrid o Catalunya, tal y como le han reclamado algunos presidentes autonómicos, entre ellos Quim Torra. Tampoco ve necesaria la paralización de la actividad industrial, como le han reclamado jefes de ejecutivos regionales, como Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana o Castilla y León. El presidente ha vuelto a pedir a los responsables públicos unidad ante la pandemia:  "No cabe el egoísmo". Así, ha enviado un mensaje a Torra, que esta semana enfadó profundamente al Gobierno con una entrevista en la que criticó la gestión de Sánchez al asegurar que no se estaban tomando medidas como la limitación de movimientos. "No nos jugamos la reputación ni ningún titular en un medio local ni internacional", ha expresado el socialista. 

Ante quienes critican la laxitud del confinamiento -que no paraliza buena parte de la actividad productiva-, Sánchez ha vuelto a reiterar que el estado de alarma dictado por el Gobierno es de las iniciativas más duras de los países de nuestro entorno. "Es una medida muy dura, muy restrictiva, donde al conjunto de la sociedad le estamos pidiendo que se confine en total un mes", ha expresado el presidente, que da por hecho que logrará el respaldo del Congreso para prolongar el estado de alarma. 

"Vamos a resistir"

El presidente ha advertido de los "efectos no solo sociales sino también psicológicos en sectores vulnerables, como personas que viven solas o personas que sufren violencia de género". "No es el miedo sino el coraje lo que nos hace quedarnos en casa", ha señalado el presidente, que pretende en sus comparecencias animar a la audiencia ante la situación que atraviesa: "Vamos a resistir, vamos a salir adelante, no os quepa duda".

El Gobierno no esconde la preocupación por la situación económica que puede quedar cuando pase el momento álgido de la alerta sanitaria. Para paliar sus efectos ha aprobado dos decretos ley con medidas para los trabajadores y empresarios, que avalan líneas de crédito y agilizan los ERTEs, por ejemplo. No obstante, Sánchez no ha aclarado si este martes el Consejo de Ministros adoptará nuevas iniciativas en esa dirección. Lo que sí ha asegurado que es España presionará en la UE para que ayude a los estados a hacer frente a las emergencias sociales y económicas. 

"Estamos trabajando y defendiendo una posición en la UE para que se movilice y movilice recursos", ha afirmado Sánchez, que ha definido como una "buena noticia" que el Banco Central Europeo lanzara un programa de estímulo de 750.000 millones. "Europa puede, debe y vamos a exigir que haga mucho más por el conjunto de la ciudadanía europea", ha sentenciado.

Sánchez ha anunciado nuevas medidas para hacer frente a la crisis. Así, el Gobierno intervendrá las residencias de mayores privada como hizo la semana pasada con la sanidad. Además, amplía el despliegue de las Fuerzas Armadas para que se encarguen de los traslados de enfermos de centros hospitalarios saturados a otros con capacidad. 

"El Gobierno facilitará recursos a entes locales para el reparto a domicilio de comida, productos de primera necesidad y farmacéuticos a personas mayores", ha afirmado Sánchez en una comparecencia en Moncloa tras la videoconferencia con los presidentes en la que ha anunciado la decisión del Gobierno de ampliar el estado de alarma otros quince días, es decir, que el confinamiento durará al menos hasta el 12 de abril. En el nuevo paquete de medidas, se amplía el cierre de las fronteras terrestres. Sánchez ha explicado que se restringen los viajes a países fuera del espacio Schengen “que no sean imprescindibles”. 

No obstante, Sánchez ha admitido dificultades para el abastecimiento de material sanitario, como le han reprochado los presidentes autonómicos y por eso ha defendido que el Gobierno ha puesto a al industria al servicio del suministro de materiales, como mascarillas o gel desinfectante, no solo para hacer frente a la actual crisis sino para situaciones similares que se puedan dar en el futuro. "Reconozco, con humildad, nuestras limitaciones", ha admitido.

Aún así, ha asegurado que el Gobierno "está haciendo valer todo su peso" en un “contexto internacional de mercado muy difícil”. Sánchez ha asegurado que se distribuirán 1,3 millones de mascarillas, “500.000 quirúrgicas y 800.000 para pacientes” en las próximas horas en toda España. “Y en los próximos días más de cuatro millones”, ha añadido.

Sánchez admite que hay contagios en su familia

Preguntado por los casos de coronavirus en su familia -su esposa, Begoña Gómez, dio positivo la semana pasada, según confirmó Moncloa, y su madre y su suegro padecen la enfermedad, según Okdiario-, Sánchez ha evitado dar detalles, pero ha admitido que tiene contagiados en su entorno. 

"Hay muchas familias que están sufriendo una situación semejante. Mi familia no es ni más ni menos importante que las familias de este país. Agradezco las muestras de apoyo", ha zanjado. 

El Ministerio de Sanidad ha publicado los primeros datos sobre el perfil de edad de los contagiados por el SARS-CoV-2. España es el país con un porcentaje mayor de fallecidos de más de 80 años: el 67% de los muertos superaba esta edad frente al 50,1% en Italia, el 35,1% en Corea del Sur o el 14,77% de China. Las cifras se basan en el estudio pormenorizado de 19.000 casos, realizado por Sanidad, que sirve como muestra para certificar que el coronavirus es mucho más letal para las personas de mayor edad.

La tasa de mortalidad en personas de más de 80 años supera el 17%, pero cae en picado en las siguiente franja. Las posibilidades de morir en enfermos de entre 70 y 79 años se reduce al 5% y desciende hasta el 2,16% en personas cuya edad va de los 60 a los 69 años. 

Los datos de Sanidad revelan que el porcentaje de contagios en grupos de edad variados son casi idénticos. La proporción de infectados en la cuarentena (15,4%) es casi la misma que de octogenarios (15,9%). La diferencia fundamental entre estos perfiles son las posibilidades de supervivencia al virus: en las personas de entre 40 y 49 años la mortalidad es solo del 0,3%.

Las personas fallecidas con coronavirus han ascendido a las 1.720, lo que supone un aumento de 394 defunciones con respecto al día anterior, según los últimos datos difundidos por el Ministerio de Sanidad. El número de casos positivos hasta las 20 horas de este sábado es de 28.572 en todo el territorio español, 3.646 infectados más. 

Por comunidades autónomas, Madrid continúa siendo la región con mayor número de contagiados, con 9.702 casos positivos; seguido de Catalunya (4.704), País Vasco (2.097), Castilla-La Mancha (1.819), Castilla y León (1.744) y Andalucía ( 1.725).

En la última jornada, 450 enfermos se han recuperado de COVID-19, sumando ya 2.575 pacientes dados de alta tras haber sufrido la enfermedad, atendiendo a los datos difundidos por Sanidad. 

La realidad ha superado todas las previsiones que tenía el Gobierno sobre el número de contagios de COVID-19. Justo antes del estado de alarma, Pedro Sánchez avisaba de que esta semana podríamos llegar a los 10.000 infectados. Eso teniendo en cuenta además que, desde hace unos diez días, en las zonas de transmisión comunitaria y debido al colapso de los laboratorios, ya no se hacen pruebas a pacientes leves, por lo que no están incluidos en esas estadísticas.

Sánchez prorrogará el confinamiento al menos 15 días más. 22 mar 2020 09:51:08.eldiario.es - eldiario.es.

Pedro Sánchez prorrogará el estado de alarma al menos 15 días así como el confinamiento de los ciudadanos y la restricción de movimientos. Así se lo ha trasladado el presidente a los jefes de los ejecutivos autonómicos en la segunda videoconferencia que mantienen este domingo con motivo de la excepcional situación que atraviesa España. 

Aunque Sánchez no quiso especificar en su comparecencia de este sábado por la noche la duración de las medidas excepcionales, a los presidentes autonómicos les ha trasladado la necesidad de mantenerlo al menos quince días, según fuentes presentes en el encuentro telemático. Para ampliar el estado de alarma, el Gobierno debe contar con el apoyo del Congreso. El Pleno se ha convocado para este miércoles por la tarde. 

El jefe del Ejecutivo ya dejó claro, no obstante, en la rueda de prensa del sábado que "lo peor está por llegar" y que la próxima semana es clave puesto que aumentarán los casos de infectados así como de fallecimientos, que actualmente superan los 25.000 en el caso de contagiados detectados por los servicios sanitarios y del millar las muertes por Covid-19 en España. 

"Los casos diagnosticados y fallecidos van a aumentar en los próximos días. Estamos en momento crítico y van a llegar días muy duros -afirmó Sánchez-. Nos tenemos que preparar desde el punto de vista psicológico. Tenemos que llegar al fin de la semana que viene muy fuertes". 

Sánchez también deslizó que, a pesar de que las medidas extraordinarias respecto a la restricción del movimiento de los ciudadanos se vayan eliminando conforme la curva de contagiados vaya disminuyendo, España tendrá que seguir manteniendo algunas actuaciones especiales. Así, anunció que el Gobierno está pidiendo a la industria que se dedique a la producción de material sanitario que se pueda necesitar en este momento pero también en los próximos meses hasta que exista una vacuna que haga frente al coronavirus. 

Sánchez, acompañado de los cuatro ministros designados autoridades delegadas -Salvador Illa, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska y José Luis Ábalos-, ha mantenido la segunda reunión telemática con los presidentes autonómicos en el marco de los contactos periódicos que acordaron mantener mientras dure la crisis del coronavirus en una semana en la que ha recibido críticas de las comunidades por los fallos en el reparto de material sanitario así como la presión de Quim Torra para que el confinamiento sea total. 

El Gobierno italiano ha decidido este sábado interrumpir hasta el 3 de abril todas las actividades productivas excepto las que son esenciales para los ciudadanos para intentar contener la propagación del coronavirus, que ha causado en Italia ya más de 4.800 fallecidos.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha comparecido este sábado en una rueda de prensa, cuando Italia cumple un mes desde la detección del brote en el norte del país, y dijo que esta es una "decisión difícil" pero "necesaria" para "afrontar la fase más aguda" de esta pandemia, que ha hecho de Italia el país con mayor número de muertos en el mundo.

Se cierran "en todo el territorio nacional todas las actividades productivas no necesarias e indispensables para garantizar servicios esenciales (...), continuarán abiertos supermercados y negocios alimentarios de primera necesidad", señaló.

También seguirán abiertas las farmacias, parafarmacias, los servicios bancarios, postales, de aseguradoras y servicios públicos esenciales como el transporte.

La decisión del Gobierno de Roma se anuncia después de que este sábado Protección Civil informara de que Italia contabiliza ya 4.825 fallecidos con coronavirus, 793 más en 24 horas, y el número total de contagios es de 53.578, contando con los muertos, los enfermos actualmente y los curados.

Subrayó que todas las empresas deben fomentar el teletrabajo y que sólo continuarán trabajando los empleados que realicen actividades "relevantes para la producción nacional" en fábricas de todo el país.

"Ralentizamos el motor de Italia, pero no lo detenemos", apuntó, consciente de que las regiones más castigadas son Lombardía, Emilia Romaña y Véneto, que juntas representan el 40 % del producto interior bruto (PIB).

El primer ministro también se refirió a la polémica desatada en el país después de que algunas regiones como Véneto (norte) hayan decidido cerrar los supermercados los domingos y los días de fiesta para evitar concentraciones de gente.

Algunos en el país están en contra de esta propuesta, como el ex primer ministro y líder de la gobernante Italia Viva, Matteo Renzi, que ha dicho que sería un error porque crearía largas colas y se incrementaría el riesgo de contagios.

"No hay ninguna restricción a los días de apertura de supermercados, invito a todos a mantener la calma, no hay necesidad de acudir en masa y crear largas colas", argumentó.

Conte animó a todos los italianos a respetar "las normas, con paciencia, responsabilidad y confianza" para que el número de contagios disminuya, y reconoció que "quedarse en casa no es fácil" pero que es la única solución para proteger las vidas de todas las personas.

"Nuestro sacrificio de quedarnos en casa es mínimo comparado con el que hacen otros ciudadanos, trabajadores en hospitales, miembros de las fuerzas del orden, empleados de supermercados y servicios públicos. Hombres y mujeres que no solo van a trabajar, sino que cumplen cada día con un acto de gran responsabilidad hacia la nación", concluyó.

"El abajo firmante, consciente de las consecuencias penales previstas en caso de declaraciones falsas a funcionarios públicos, declara bajo su propia responsabilidad...". La frase encabeza, junto a un varios campos para rellenar datos como la fecha de nacimiento, el domicilio o el DNI, el documento que los ciudadanos de Italia tienen que llevar consigo cada vez que salen de casa desde hace diez días, cuando el Gobierno italiano decretó la restricción de movimientos en todo el país como medida para detener la epidemia de coronavirus que ha dejado cerca de 50.000 casos positivos y 4.000 muertes.

Desde entonces, los residentes en Italia deben portar consigo el papel, conocido como la 'autocertificazione' [autocertificado], para justificar que están en la calle por los motivos autorizados por el Ejecutivo, similares a los que se han decretado en España: "necesidades de trabajo comprobadas", regreso al lugar de residencia, razones de salud o situaciones de necesidad, como ir a hacer la compra o a la farmacia. Si no cumplen con estas restricciones, se exponen a sanciones penales. El primer ministro Giuseppe Conte ha adelantado esta semana que las limitaciones serán "inevitablemente" prolongadas más allá del 3 de abril.

Los italianos tienen que descargar el formulario y rellenarlo, ya sea a mano o en el ordenador, e imprimirlo. Si la Policía efectúa un control a una persona que no lleva consigo el documento porque no ha podido imprimirlo o se le olvida, se puede hacer la declaración de forma verbal, que será transcrita por el agente, y después se firma. Según ha explicado el ministerio del Interior, el certificado se verifica posterioremente.

En los últimos días, algunos medios de comunicación locales se han hecho eco de una aplicación móvil que, supuestamente, permitía rellenar el documento con el teléfono y sustituir al papel. Pero Interior ha desmentido que tal posibilidad sea posible: "Aunque aparentemente motivado por la necesidad de simplificar y acelerar los procedimientos, el uso de las aplicaciones es contrario a la normativa vigente", han dicho. "El formato digital, además de tener un perfil de riesgo para la privacidad del usuario, no permite que el agente de Policía adquiera el original" para verificarlo posteriormente, indican. 

Hay que portar el documento para cada movimiento permitido por el Gobierno. "Trabajo en/ estoy regresando a mi casa en/ tengo una visita médica", son algunos de los ejemplos que pueden escribir los ciudadanos, de acuerdo con el texto. Según han explicado fuentes conocedoras de la situación a este medio, hay controles policiales que son "muy estrictos" especialmente en las zonas más afectadas por el brote, al norte, y se llevan a cabo parando al azar a los coches que circulan. La persona que conduce debe rellenar el formulario con el motivo de su traslado. Estas mismas fuentes detallan que los agentes piden, "si es posible", una prueba sobre sus razones para estar fuera de casa, como certificados médicos, una receta de un medicamento o un ticket del supermercado. 

"Me descargué el formulario desde la página web del ministerio del Interior y lo llevo siempre conmigo cuando voy a hacer la compra o voy a la farmacia", explica a eldiario.es Vincenzo, un joven abogado que vive en Nápoles. "Justo este jueves me han parado. Hay mucha gente que no está respetando el decreto. Lo rellené y lo llevaba conmigo. Me preguntaron adónde iba, y efectivamente iba al supermercado, que estaba a una manzana, a unos 200 metros de mi casa. Comprobaron mi DNI y me dejaron pasar", sostiene. 

Aunque los italianos deben usar este papel desde el 10 de marzo, esta semana el Gobierno ha cambiado el modelo que tienen que utilizar para añadir una importante novedad: la persona tiene que declarar que no se encuentra sometido a una prohibición absoluta de moverse de su domicilio por estar en cuarentena por haber dado positivo en el coronavirus SARS-CoV-2 o para aquellos que han entrado en contacto con una persona infectada.

Más de 60.000 denuncias en diez días

Si el autocertificado contiene información que no es verdadera, la persona se arriesga a sanciones penales por declaración falsa a un funcionario, castigado en la ley italiana con penas que van desde uno a seis años. 

Según una directiva del Ministerio del Interior, quienes incumplen las restricciones de movimiento salvo las excepciones válidas son sancionados con el artículo 650 del código penal, que prevé multas de hasta 206 euros o el arresto de hasta tres veces. En Bérgamo, por ejemplo, la Policía detuvo a un hombre que paseaba con su perro a 30 kilómetros de su casa o a una joven de 18 años que dijo que iba a ver a su abuela cuando en realidad iba a casa de su amiga, informan los medios locales. Esta semana, los agentes efectuaron un control a dos jóvenes que estaban en un cementerio en la provincia de Varese (Lombardía) para comprobar los motivos por los que no estaban en casa. "Estamos jugando a Pokemon Go", dijeron. Fueron denunciados.

Además de estas sanciones, indica la cartera de Luciana Lamorgese, se podría activar la hipótesis de delitos más graves, en concreto contra la salud pública, castigados con hasta 12 años de cárcel en el código penal para "cualquiera que cause una epidemia a través de la propagación de gérmenes patógenos". Por ejemplo, La Repubblica informó del caso de un hombre de Aosta, en los Alpes italianos, que tendrá que ir a juicio presentarse con síntomas en la clínica donde se iba a hacer una rinoplastia y dio positivo. El cirujano, el anestesista y el enfermero se contagiaron también. 

Entre el 11 y el 19 de marzo, la Policía italiana ha interpuesto un total de 61.085 denuncias penales a personas que incumplieron, según las fuerzas del orden, la obligación de no salir salvo por motivos laborales, de urgencia sanitaria o por necesidades básicas. También se han impuesto 1.340 sanciones por "falsa declaración al oficial público" (agentes) o "falsa declaración de identidad". En total, según Interior, se han efectuado controles a 1.427.011 ciudadanos en toda Italia desde que se aplicaron las medidas de aislamiento para contener el brote del SARS-CoV-2. Los registros se extienden también a los comercios, con controles en un total de 743.532 empresas y 1.873 propietarios denunciados por no respetar la normativa.

Cuestionada por la proporcionalidad de estas sanciones, la sección italiana de Amnistía Internacional considera que las multas "actúan como elemento disuasorio en este momento y las medidas adoptadas están destinadas a perseguir un objetivo legítimo, la protección de la salud de la población" y no se pronuncia sobre el importe de las mismas.

"Estamos vigilando de cerca el comportamiento de las fuerzas policiales para verificar cualquier abuso de los controles y desproporciones claras en la aplicación de las sanciones, especialmente en lo que respecta al equilibrio con la libertad de circulación", señala en declaraciones a eldiario.es Giulia Groppi, directora de políticas y lobby de la ONG especializada en derechos humanos. 

No obstante, precisa que la organización no está siguiendo ningún caso en particular, salvo las sanciones que se están aplicando "injustamente a las personas sin hogar", dice Groppi, que no pueden encerrarse. El primer caso se produjo en Milán el 12 de marzo. "Aunque la Jefatura de Policía de Milán ha indicado que la denuncia no seguirá adelante, es evidente que esta situación de fragilidad debe ser abordada sin más demora", explicaron en un comunicado. 

El presidente de la región más afectada, la Lombardía, Attilio Fontana (de la ultraderechista Liga Norte), ha reclamado en los últimos días que se endurezcan las normas de confinamiento y ha pedido el despliegue del Ejército en sus calles. "La presencia de los militares tiene un gran efecto de disuasión. Uno se lo piensa dos veces antes de salir a la calle cuando ve pasar una patrulla del ejército", ha dicho este viernes en una entrevista en la radio. El despliegue de militares es una de las solicitudes que se han puesto sobre la mesa del primer ministro para que se aprueben restricciones más drásticas que obliguen a los ciudadanos a quedarse en casa.

Los cuatro hijos de Kenia Rodríguez llevan tres días sin apenas salir de una sola habitación, la que les ha ofrecido una amiga en una ciudad metropolitana de Barcelona tras tener que abandonar el lunes el piso que ocupaban. Solo el marido, que es chapista, se ausenta durante el día para ir a trabajar. "Esto del confinamiento puede ser un infierno. Los niños duermen mucho porque no tienen nada más que hacer. Solo el mayor tiene móvil, y hay una tele pequeña con la que vemos 'La que se avecina', pero se aburren muy rápido", cuenta esta mujer desde una estancia repleta de camas una al lado de la otra.

Desde que Pedro Sánchez anunció el estado de alarma y ordenó a la ciudadanía no salir a la calle salvo excepciones, han sido incontables los mensajes que han circulado en redes sociales y televisiones por parte de futbolistas y famosos que animan a la población a quedarse en casa... desde sus hogares con jardines y gimnasios.

Pero la realidad de miles de ciudadanos es menos cómoda, en algunos casos incluso con familias numerosas hacinadas en pisos pequeños, con mala ventilación o sin luz natural, obligadas a compartir un diminuto espacio durante horas y horas. Solo en España hay 23.500 hogares en los que no hay ni 10 m2 por habitante (13.600 de parejas con hijos y 9.000 de familias que comparten), según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). 

La situación de Kenia, parecida a un realquiler de habitación pero sin que su amiga les cobre por ello, es de una evidente sobreocupación. Su principal sufrimiento es que el confinamiento se alargue, una situación que asegura que para los suyos será insostenible si nadie les ofrece una alternativa. "Salimos poco de la habitación para no buscarle problemas a mi amiga con el dueño, y solo el mayor va a comprar al supermercado. Si al menos pudiesen salir al parque a jugar, con los amigos del colegio, ya sería otra cosa. Pero si no es un horror", explica. 

Más de 4.000 realquileres en Barcelona

Desde Càritas Diocesana de Barcelona atendieron en 2017 un total de 4.554 personas en situación de realquiler. En 769 casos había menores de edad. "Son una bomba de relojería", advierte Ferran Moreno, técnico del programa de vivienda y sin hogar de la entidad. Si las condiciones de infravivienda ya suelen pasar factura a la salud mental de mayores y niños, es obvio que su vulnerabilidad va a aumentar, razona. Además, recuerda que son ellos los que más se benefician de de unos equipamientos públicos como colegios, bibliotecas o parques que hoy están cerrados. "Incluso se quedan sin locutorios para internet y hablar con la familia", remata. 

El Gobierno y las distintas administraciones han anunciado una batería de medidas en materia de vivienda que van desde una moratoria del pago de hipotecasla prohibición de cortes de suministros –en el caso de familias en riesgo de pobreza– a soluciones de urgencia para las personas sin hogar que hoy no tienen donde refugiarse del virus. Para otros colectivos de riesgo, como las víctimas de violencia de género o los usuarios de albergues de emergencia, en Barcelona han encontrado la solución de abrir unos 200 pisos turísticos vacíos.

Pero no parece haber alternativa para las miles de viviendas sobreocupadas que hay en España, y que suponían en 2017 alrededor del 5% del total, según datos de la Encuesta Europea de Ingresos y Condiciones de Vida analizados en un informe del Observatorio Social de La Caixa. Y no solo eso: de entre todos los hogares con dos progenitores y un hijo o más, se considera que el 4% tiene escasez de luz y el 15%, exceso de ruido producido por los vecinos o el exterior. "Se trata de situaciones que ya de partida son perjudiciales para la salud de los habitantes, y que ahora se agravarán, porque están obligados a estar más tiempo en hogares con humedad, sin ventilación, con poco espacio", resume Moreno.

Limpiar sobre limpio para no aburrirse

Con todo, no hace falta que la situación sea extrema para que los vídeos de los famosos en sus casas resulten cuando menos ofensivos a ojos de algunas familias. Así lo ve Karla Chaves, vecina de origen hondureño de Ciutat Meridiana, uno de los barrios con la renta media más baja de Barcelona. "Sergio Ramos te dice que te quedes en casa con su gimnasio y su parque, ¿pero nosotros que vamos a hacer en un piso de 45 m2?". Por nosotros se refiere a ella, tres hijos y una nieta de un año. "Voy del salón a la cama, de la cama a la cocina y de la cocina a la habitación de mi hija. Es un agobio. Me digo que tengo que ser fuerte y me pongo a limpiar la cocina a fondo por no aburrirme, ¡pero estoy limpiando sobre limpio!", relata.

No fue hasta el lunes, explica, cuando se dio cuenta de la seriedad de las medidas de aislamiento. "Fue al llegar al Lidl y ver el panorama. Me pilló un bajón. Pensé: '¿Qué voy a hacer con los niños?'", explica esta madre soltera, que se encuentra estos días de baja laboral –es cuidadora en una residencia– por un dolor de espalda. Su mayor preocupación ahora mismo no es perder su empleo, sino que las restricciones del estado de alarma duren más de los quince días anunciados. 

Este jueves, tras volver del supermercado con un paquete de pañales para su nieto, contaba por teléfono: "¿Qué va a pasar si se alarga semanas? No quiero que los niños salgan y no tengo ni balcón. Estoy asomando al pequeño por la ventana con un taburete para que le dé el aire. Me estoy empezando a preocupar", insistía. 

El entusiasmo con el que cogía la Nintendo el pequeño, de ocho años, es ahora indiferencia. "No es lo mismo jugar todo el día que solo un rato después del colegio", dice su madre. Mientras tanto, las hijas mayores racionan incluso los deberes para no acabar demasiado rápido las tareas asignadas por sus profesores.

"El gobierno ha dado un mensaje de que nadie se va a quedar atrás, pero sí que va a haber gente", lamenta la portavoz de la PAH en Barcelona, Lucía Delgado. Y si hay una población que sufre exclusión residencial muy por encima de lo habitual, estos son los inmigrantes. De acuerdo con los datos de los usuarios de Cáritas en la capital catalana, de las 12.165 familias que atienden, el 25% vive de realquiler y el 7%, con otros familiares. Si se observa solo entre las familias de origen extracomunitario, el porcentaje se dispara al 80% y 57%, respectivamente.

La cuarentena masiva en la que estamos inmersos durante al menos 15 días ha trastocado radicalmente nuestras rutinas y nuestra vida social. Casi todos nuestros planes fuera de casa se han cancelado o pospuesto. Un mal menor si consideramos que lo hacemos por frenar la velocidad de contagios y ayudar a que el sistema sanitario no colapse frente al nuevo coronavirus y pueda atender a todos aquellos pacientes que lo necesiten.

Al confinamiento en casa durante semanas se une la incertidumbre sobre la evolución y la duración de la pandemia. ¿Cuánto tiempo durará, cuánta gente morirá, cómo va a afectar económicamente a los trabajadores y a las empresas? ¿Afectará a nuestros seres queridos y a nosotros? Aunque cada persona reacciona de forma diferente a estas circunstancias, los humanos (ermitaños aparte) son seres sociales que necesitan y buscan el contacto con otros seres humanos y, además, toleran mal incertidumbre. La cuarentena supone, así, una notable interferencia con la sociabilidad innata de las personas, enfrentadas, por otra parte, a un presente extraordinariamente anómalo y a un futuro incierto.

La implantación de cuarentenas masivas en diferentes puntos del mundo por la COVID-19 ha llevado a investigadores del departamento de Medicina Psicológica del King's College de Londres a publicar una rápida revisión en la revista médica The Lancet. El documento señala que las cuarentenas tienen impacto psicológico (registrado por otras epidemias en el pasado, como las de SARS, ébola, MERS o gripe A), pero es posible reducirlo.

La irritabilidad (57% de las personas) y el bajo estado de ánimo (73%) son los dos efectos más frecuentes que se encuentran en los individuos sujetos a cuarentena. Sin embargo, los múltiples estudios analizados muestran una gran variedad de efectos sobre la salud mental provocados por las cuarentenas: depresión, ansiedad, insomnio, ira, miedo, síntomas de estrés postraumático, aburrimiento, nerviosismo, tristeza, sensación de soledad, agotamiento emocional... Curiosamente, no todas las personas mostraban síntomas negativos, un pequeño porcentaje de personas (5%) afirmaba sentirse feliz durante la cuarentena y un 4% reconocía sentirse aliviado.

Entre las claves que destacan los autores para minimizar el impacto, se señala la importancia de una buena y fluida comunicación con la población por parte de las autoridades, que deben recalcar que el autoaislamiento es una elección altruista. Si las personas entienden la necesidad de la cuarentena y la aplican sobre sí mismas voluntariamente tendrán menor riesgo de estrés, ira y complicaciones a largo plazo.

Evitar que la cuarentena nos afecte

El miedo, la confusión y el estrés provocados por la situación de crisis que vivimos estos días pueden tener efectos negativos sobre la salud mental. Es importante reconocer los síntomas y compartirlos con las personas de confianza para recibir ayuda de nuestro entorno más cercano y de los profesionales sanitarios. Además, debemos prestar también atención a los demás (especialmente a aquellos que ya padecían previamente problemas psicológicos o trastornos mentales) y si notamos que alguien cercano a nosotros actúa de forma extraña, lo mejor es preguntarle si está bien y si podemos hacer algo por ayudarle.

Como respuesta a la cuarentena, muchos psicólogos y psiquiatras están usando la videoconferencia como forma de atender a sus pacientes. Otros van más allá y ofrecen gratuitamente sus servicios como un gesto de solidaridad frente a la pandemia. El 12 de marzo, Víctor Dujo (psicólogo clínico) comenzó una iniciativa, a la que se han ido sumando más psicólogos, para ayudar a aquellos que necesiten atención psicológica:

Aunque la cuarentena recorte nuestras conexiones sociales, podemos paliar sus efectos en este mundo hiperconectado gracias a videoconferencias, llamadas, mensajes a amigos y familiares. En ocasiones basta con algo tan sencillo como salir al balcón para mantener conversaciones con los vecinos, aplaudir conjuntamente o apuntarse a una cacerolada.

Centrarnos en una rutina con hábitos saludables también puede ayudar a minimizar los efectos psicológicos, a distraerse de la cuarentena: cuidar la alimentación y el sueño, realizar ejercicio físico con frecuencia, dejar tiempo para disfrutar de hobbies como escuchar música, leer libros, ver series, jugar a videojuegos... Son pequeños gestos que contribuyen a un mejor bienestar psicológico.

Por otro lado, conviene evitar la sobreinformación y estar constantemente pendiente de las noticias sobre las pandemias, pues pueden generar angustia, estrés o pánico entre las personas más susceptibles. En estos casos se recomienda que la información que reciban se limite a aquella que puede ser útil y rigurosa para enfrentarse a la epidemia y para conocer las directrices de las autoridades.

Centrarse en el lado positivo de la pandemia también puede resultar útil para "desconectar" y aligerar el estrés: leer noticias sobre pacientes recuperados, sobre que China no registró hace días ningún nuevo caso de coronavirus o sobre los avances que se están dando en los tratamientos frente al COVID-19. También ayuda ver las numerosas muestras de solidaridad entre vecinos y profesionales sanitarios o echar un vistazo a la infinidad de chistes y viñetas que han surgido de la pandemia.

Podemos que estemos autoaislados físicamente en esta cuarentena masiva, pero estamos juntos en esto para enfrentarnos a la pandemia de coronavirus, por el bien de los demás.

La curva no se aplana, el sistema sanitario está al borde del colapso y en las redes sociales se acumulan los bulos sobre el virus, pero también sobre la política. Uno de los que más ha circulado esta semana es que el Gobierno de Pedro Sánchez ha estado al borde de la ruptura en medio de la crisis sanitaria. Ni Unidas Podemos ni el PSOE  ni los que han estado al tanto de las negociaciones lo confirman. Todo lo contrario. Lo que sí se ha librado es una batalla por la paternidad de las decisiones, como si un Consejo de Ministros no fuera un órgano colegiado y el llamado "escudo social" con el que paliar los efectos sociales y económicos de la pandemia tuviera que llevar un nombre y un apellido o, en su defecto, las siglas de un partido.

Ha pasado. Antes de que el presidente del Gobierno anunciara el martes 17 en rueda de prensa el paquete de medidas sociolaborales y económicas con el que combatir los efectos de la crisis sanitaria, al teléfono de algunos periodistas ya había llegado por mensaje de Telegram el detalle de algunas decisiones que Unidas Podemos se atribuía como propias y que el propio Pablo Iglesias publicitaba en su muro personal de Facebook.

Antes de que Pedro Sánchez se dirigiera también ese mismo día a los españoles tras el Consejo de Ministros, algunos medios dieron por aprobadas medidas que después no se confirmaron. Unas filtraciones llegaron desde los ministerios "morados" y otras, desde terminales de los socialistas. En La Moncloa sin embargo defienden que en año y medio de gobierno monocolor jamás se filtró un papel y que, ahora, pasa todo lo contrario porque los socios del PSOE "están muy acostumbrados a emitir continuamente y alimentar narrativas en los medios".

El tiempo de los relatos ha pasado y lo que queda no es solo una batalla de protagonismos, sino dos visiones muy distintas de cómo España debe afrontar las consecuencias socioeconómicas de la pandemia. Ambas se explicitaron en la reunión de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos que tuvo lugar el jueves 12: de un lado, los partidarios de abrir la manguera de gasto público; del otro, los defensores de la ortodoxia sobre el control del déficit público. La división era transversal porque entre los primeros, además de los ministros de Podemos, también estaban el de Seguridad Social, José Luis Escrivá; la de Industria, Reyes Maroto; y el de Fomento, José Luis Ábalos.

Y así llegó, dividido pero no exactamente por partidos, el Ejecutivo al Consejo del sábado 14 en el que se iba a aprobar el real decreto sobre el estado de alarma. Cinco de las casi ocho horas que duró la reunión transcurrieron con una larga exposición de cada ministro sobre cómo había que responder ante la emergencia. Iglesias, aseguran fuentes gubernamentales, "se había empleado sin demasiado éxito" en que el texto, que fue coordinado desde la vicepresidencia primera, incluyera algunas medidas de protección social". Jurídicamente no procedía y tampoco, como propuso Iglesias, incluir alguna medidas de carácter social como una paga de 400 euros para familias monoparentales. Así que el decreto, que se trasladó desde el despacho de Carmen Calvo a todos lo ministerios sobre las cinco de la mañana del mismo sábado, se aprobó tras un extenso debate de cada artículo, pero con mínimas correcciones respecto al último borrador redactado.

La quinta autoridad delegada

Y hasta ahí el primer elemento de disputa. El segundo llegaría con la petición del vicepresidente segundo de ser designado quinta autoridad delegada en materia de derechos sociales. Calvo y la titular de Hacienda, María Jesús Montero, fueron quienes se opusieron con mayor contundencia a su propuesta, si bien hubo otras intervenciones de ministros que no vieron necesaria su presencia en el gabinete como garante de la protección de la población más vulnerable, relatan fuentes del Gobierno.

El líder de Podemos, igual que el resto de ministros de su partido, quedó al margen del protagonismo de los cuatro ministerios involucrados en el estado de alarma –Sanidad, Interior, Defensa y Transportes– y empezó a crecer el malestar entre sus cuadros por haber quedado sin apenas espacio para la gestión de una crisis que mantiene en shock a la sociedad española. En realidad, desde la polémica por la ley de libertad sexual tras las diferencias entre el Ministerio de Igualdad y la Vicepresidencia Primera, los ministros de Unidas Podemos ya habían desaparecido del foco mediático. La última en comparecer públicamente había sido Irene Montero tras el Consejo de Ministros previo al 8M que aprobó el polémico texto.

Y este jueves reapareció Iglesias, acompañado del ministro de Sanidad, Salvador Illa, quien anunció que delegaba toda la coordinación de los servicios sociales del Estado en el vicepresidente segundo. Al final, Sánchez cedió a las presiones de su socio y decidió resarcirlo con una victoria pírrica fuera del real decreto y en contra del criterio de algunos de sus colaboradores más cercanos que, al final, concluyen que el control absoluto lo tiene el presidente y cuatro ministros socialistas y que, en adelante, irán compareciendo ante los españoles todos los miembros del Gobierno, acompañados por las cuatro autoridades delegadas del estado de alarma. De hecho, al día siguiente de Iglesias lo hicieron por la mañana Pedro Duque, junto al ministro de Sanidad, y por la tarde el de Justicia, Juan Carlos Campo, junto a Grande-Marlaska, de Interior, en clara señal de que Iglesias en esta crisis no será más que ninguno de ellos pese a ser vicepresidente segundo.

En medio de la puja por el foco y la paternidad de las medidas, Unidos Podemos se atribuye parte de los puntos sociales como un logro del equipo del vicepresidente segundo y de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Tanto es así que aseguran que la decisión de aplicar una moratoria en el pago de las hipotecas para los afectados por el coronavirus "se la arrancó" el secretario de Estado para Asuntos Sociales, Nacho Álvarez, al gabinete de la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, en la madrugada ya del martes en que se aprobó el decreto.

Este extremo lo niegan en La Moncloa, donde aseguran también que la decisión de prohibir los cortes de suministros básicos en los hogares no fue iniciativa de los morados, sino que estuvo sobre la mesa desde el primer borrador que redactó Economía. Tampoco hubo debate alguno, aseguran fuentes conocedoras de la negociación, ni sobre el aplazamiento de las cuotas de los autónomos ni sobre la moratoria en el pago de los alquileres.

El caso es que el vicepresidente segundo busca a toda costa un espacio y por ello durante su comparecencia del jueves buscó desplegar el argumentario morado frente a la crisis con una intervención en la que no perdió ocasión de recordar que "hay que aprender de los errores de 2008" y enterrar "los dogmas de la austeridad fiscal" para "garantizar a todos los compatriotas que esta crisis no la pagarán los de siempre y que esta vez sí van a contar con el apoyo del Estado". Algunos dirigentes socialistas creen que el vicepresidente confunde el Gobierno "con una asamblea de la facultad" y el estado de alarma, "con una serie de televisión". "Ni sabe cuál es su sitio ni es consciente de la proporcionalidad que tienen en el Ejecutivo", añaden quienes han vivido esta semana de cerca la tensión entre socios de la coalición.

Iglesias subrayó también que ni "el escudo social" con 600 millones de euros que desplegará su departamento (la mitad serán fondos de las autonomías a las que se les dejará gastar parte de su superávit para contener la crisis), ni el plan de choque completo anunciado por Sánchez el martes para la movilización de recursos públicos y privados por valor de 200.000 millones de euros serán "un punto final". Y en esta misma línea los dirigentes de su partido llevan días reclamando la creación de una renta mínima vital, incluida en el pacto de gobierno con el PSOE, y que la moratoria para el pago de las hipotecas se extienda a los alquileres para personas vulnerables o en riesgo de exclusión. Dos medidas que, sin embargo, desde otros departamentos del Gobierno sostienen que en el Consejo de Ministros el vicepresidente segundo no reclamó en ningún momento.

El viernes Iglesias presidió por videoconferencia el Consejo Interterritorial de Derechos Sociales, junto a representantes de las comunidades autónomas, donde dio cuenta del reparto territorializado de los 300 millones de euros que se van a movilizar para que los gobiernos regionales dispongan de más fondos para tratar de hacer frente a la emergencia.

Sea como fuera, a la España en vilo y enclaustrada por el coronavirus no parece importarle hoy demasiado de quién sea cada propuesta, sino más bien si el conjunto de todas ellas será suficiente para paliar los dramáticos efectos de una crisis que se llevará por delante muchas vidas y, según algunos cálculos, más de un millón de empleos. En tiempos de emergencia nacional no vendría mal dar una larga tregua a la política con minúsculas.

"Me enteré por televisión de que en la residencia de mi madre había un brote de contagios y nadie me ha contado todavía cómo está". Nieves describe la angustia que la acompaña a todas horas desde el jueves, cuando supo a través de los medios de comunicación que en el centro de mayores de Moratalaz en el que está confinada su madre con Alzhéimer habían muerto varios residentes y hasta 40 más tenían síntomas compatibles con el Covid-19. Asegura que nadie de la residencia le ha explicado en qué situación está su familiar tras varios intentos fallidos de contactar por teléfono. Lo último que supo a principios de semana es que su madre tenía fiebre, cuenta. "Necesito que me llamen. Una amiga que vive cerca ha visto coches funerarios en la puerta y ambulancias". A última hora de la tarde, la residencia contactó por fin con Nieves. Su madre ya no tiene fiebre.

La situación desesperada que relata se reproduce a lo largo y ancho del país, aunque con especial incidencia en Madrid, donde se concentran el mayor número de casos, de ingresados graves y también de fallecimientos. La lista de residencias con el virus dentro es cada vez más extensa: primero fue Monte Hermoso, con casi una veintena de fallecidos; después Moratalaz, con cuatro fallecidos en el hospital y otros cinco dentro del centro. Los contagios se expandieron también en una residencia religiosa del centro de Madrid, Santísima Virgen y San Celedonio, donde han muerto en los últimos días diez personas, cinco con coronavirus confirmado y otros tres posibles.

A la Plataforma Pladigmare, que reúne en Madrid a 300 personas entre usuarios, familiares y trabajadores, le constan contagios en 18 residencias de la Comunidad de Madrid y al menos 70 fallecidos. La Comunidad de Madrid dará previsiblemente datos oficiales sobre las personas afectadas que viven en residencias en las próximas horas. Hasta la fecha no hay datos oficiales. A la asociación le llega un "goteo constante" de casos, ya sean fallecimientos o confirmados: lo último, este viernes, una persona muerta en la residencia de Usera a cuya familia, denuncian, "no han dejado pasar y no le saben decir si ha sido coronavirus o no. Además del dolor que supone, no se puede informar bien. Tampoco hacer autopsia, porque nos dicen que los juzgados están bajo mínimos", lamenta Miguel Vázquez, su presidente.

La Comunidad de Madrid ha pedido este fin de semana que el personal sanitario del Ejército ayude a las plantillas de estas residencias, donde la "crisis está teniendo consecuencias devastadoras". El consejero de Políticas Sociales se ha dirigido por carta al vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. En la misiva, Alberto Reyero admite que las dificultades que atraviesan estos centros para que trasladen a "las personas más vulnerables y con pluripatologías" a los hospitales. "En muchos casos deben permanecer en las residencias, recibiendo una atención médica para la que la mayoría no están preparadas", afirma el consejero. Desde este viernes los efectivos del Ministerio de Defensa ya entran a limpiar las residencias. Ciudadanos es partidario desde hace días de pedir auxilio a la UME, pero la idea no fue bien recibida por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Los directores de los centros de mayores llevan días denunciando esta situación desesperada. "Se solicitó desde el primer momento el traslado de los pacientes que por su delicada situación necesitaban una atención más especializada. Solo ocho han dado positivo y han podido ser ingresados", lamenta la residencia Santísima Virgen y San Caledonio en una comunicación oficial.

En Tielmes, un pequeño pueblo de la periferia madrileña, Laura (nombre ficticio) recibe a cuentagotas noticias de su madre, que ni habla ni se mueve por sí misma por un estado avanzado de Alzhéimer. No le informan sobre la situación dentro "por protección de datos", según su testimonio. "Yo no he pido los nombres y apellidos, por favor, solo que nos cuenten cómo están las cosas, cuántos casos hay, si hay un médico atendiéndoles". En la última comunicación que tuvo con la residencia, este viernes, le dieron la posibilidad de sacar a su madre de allí. "Pero, ¿qué hago yo con ella aquí sola? No puedo, ojalá pudiera, pero estoy sola", responde Laura. La residencia, La Solana, no tiene médico desde hace días y las enfermeras están gestionando la situación por teléfono con el centro de salud del pueblo. Aquí, un centro concertado con la Comunidad de Madrid, tampoco ha llegado la "medicalización" anunciada por parte de la Consejería de Sanidad.

En otros centros, la mayoría, ni siquiera están haciendo test, de modo que "es imposible aislar y controlar la contaminación", alerta una trabajadora de la residencia pública de Alcorcón que pertenece al sindicato MATS. Hasta el martes, según su relato, la dirección no permitió a las empleadas ponerse mascarilla porque "genera una sensación de alarma entre los residentes". Tampoco las que algunas trajeron de casa. En esta residencia, los mayores han estado comiendo en los turnos habituales hasta este jueves, "pegados y en la misma mesa, sin distancia de seguridad", continúa la representante de MATS. Este viernes han abierto un módulo de aislamiento para los posibles contagiados, según las trabajadoras que se ponen bolsas de basura a modo de bata protectora.

Los familiares se pasan los días sin apartar la mirada del móvil, esperando noticias que no llegan. "La angustia es monumental. Esta semana nos cogían el teléfono y nos decían que el médico nos llamaría, pero nada. La otra mañana mi tía volvió a llamar para decir que no sabía si su madre estaba viva o muerta", recuerda Cristina, nieta de una residente de Monte Hermoso, un centro que desde hace varios días está lleno de cámaras de televisión y familiares que deambulan perdidos por las inmediaciones en busca de respuestas. Unas horas después de contactar con eldiario.es la residencia les informó que su ser querido estaba bien.

Videollamadas y mails, ejemplos en positivo

Desde Pladigmare critican que, hasta ahora, la gestión de la información ha venido determinada por cada residencia. "Hasta ahora ha habido protocolos, pero ha dependido de la profesionalidad de cada dirección y su gestión. En positivo: la Adolfo Suárez, por ejemplo, ha tenido una comunicación muy buena, cada noche envía un correo a los familiares indicando cuántos casos hay en aislamiento, cuántas altas, envían videos, tienen un canal de Telegram…". "En la residencia de mis padres, en Leganés, no tenemos problemas. Cada día puedo hablar con ellos. Usamos el servicio de videollamadas y eso te da tranquilidad", cuenta Rubén como ejemplo de que hay lugares donde la gestión con las familias está siendo modélica.

Lo que pide la plataforma es unificación para que haya "comunicación, transparencia, equipos de protección individual (EPIS) y pruebas para trabajadores de servicios sociales, como se hace a los sanitarios". "El coronavirus no ha surgido en las residencias de la nada, ha venido de fuera. Si llegasen las protecciones y los tests rápidos para los trabajadores, se reduciría el riesgo de contagio", sigue Vázquez, el presidente de Pladigmare.

Sanidad y la Vicepresidencia de Derechos Sociales han presentado este viernes una orden que estará vigente durante el estado de alarma, que viene a superar todos los protocolos puestos en marcha hasta ahora. Busca dar directrices claras a los centros sobre todo en cuanto a la prevención, aislamiento y tratamiento de los pacientes de coronavirus. Este sábado, el Gobierno publicaba una nueva orden con la que obliga a partir de ahora a residencias y centros socio-sanitarios a separar a los mayores en cuatro grupos, según los síntomas que tengan y el contacto que hayan mantenido con casos sospechosos o positivos de COVID-19.

El director del Imserso, Luis Barriga, llamaba a la calma en conversación con eldiario.es dentro de la gravedad de la situación: "Donde han fallado los protocolos y ha habido cadenas de contagio ha sido noticia, pero en la inmensa mayoría de las residencias en España está habiendo profesionalidad". Barriga se hacía cargo de que la crisis ha llegado con mucha carencia de material, imposible de prever hace 15 días: "Se han priorizado (las mascarillas) en las UCIS, y se entiende, pero si llegan millones de China, ojalá vayan cayendo ya en servicios sociales".

En rueda de prensa de este viernes, el Secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, y el propio Barriga, han especificado que llegarán a estos centros "tan pronto lleguen a las comunidades autónomas". Los 'tests rápidos' que incluyan a pacientes leves todavía no han llegado a toda España, aunque los haya prometido Sanidad para los próximos días, y desde el Imserso también reconocían que hacérselos a todos los profesionales de servicios sociales, como se hace a los sanitarios, sería lo ideal pero por ahora "hacer tests masivos es inviable".

Algunos hospitales públicos en la Comunidad de Madrid se quedan sin plantas libres de COVID-19 y tienen que trasladar a ciertos pacientes a centros privados. Pacientes de ictus, oncológicos, quirúrgicos... cuyas áreas de hospitalización no pueden exponerse a la entrada del coronavirus. 

"Lo llamamos zonas limpias en las que están ingresados pacientes graves o inmunodeprimidos", cuentan fuentes hospitalarias. A medida que algunos centros tienen que ganar espacio para gestionar la epidemia, estas áreas se han visto acorraladas por lo que se está empezando a trasladar a estas personas delicadas. "La Consejería de Sanidad nos ha autorizado a mover a centros privados a los enfermos oncológicos", confirman fuentes del hospital La Paz.

Numerosos hospitales en la Comunidad de Madrid, el epicentro de la expansión del coronavirus, han ido dedicando cada vez más espacio donde poder colocar a los pacientes que llegan desde las urgencias. También han destinado más recursos humanos y materiales a la infección  Esta semana, en los centros de Fuenlabrada o en Getafe (situados en la periferia sur) han visto cómo la dedicación a COVID-19 se convertía en casi exclusiva. 

"En principio los movimientos de pacientes son, sobre todo, los que no tienen el virus porque no tendría sentido extender la infección innecesariamente", confirma el responsable de Sanidad de UGT, Julián Ordóñez.

Con todo "hace falta preservar zonas y personal en los hospitales públicos porque hay grupos que no son tan fácilmente trasladables como los paliativos monitorizados o lo que están recibiendo diálisis", explican los profesionales.

Muy justos de personal

La situación no es homogénea. En el hospital Severo Ochoa de Leganés, hasta este viernes, las derivaciones a centros privados eran, especialmente, los de COVID-19: allí se habían acumulado hasta 250 contagios aguardando destino en sus urgencias. Pero otros pacientes han pasado a Getafe o a una clínica de Fremap.

La presión crece ya en los hospitales privados. La patronal de las clínicas privadas, ASPES, calculaba el 18 de marzo que había 970 pacientes de coronavirus en sus centros en toda España. El 50% en la Comunidad de Madrid. Este viernes, el número de ingresados en Madrid ronda los 800, recuenta Samuel Mosquera, responsable del sector en CCOO. Mosquera reclama que "en estos hospitales el personal está muy justo. Hace falta urgentemente sanitarios, sobre todo de enfermería, para atender la demanda que va a ser creciente. La gente está al límite".

Cada día a las ocho de la tarde, millones de ciudadanos aplauden desde sus ventanas y balcones en todo el país. Son la España encerrada por el coronavirus, que se desahoga y agradece con aplausos la labor de profesionales como Carmen, sanitarios que batallan cuerpo a cuerpo contra el virus y sus efectos en la salud del conjunto de la población. Otros miles de personas también salen a diario a la calle para desarrollar su jornada laboral, mientras otros trabajan desde casa o han visto paralizadas su actividad en esta crisis sanitaria. Algunos han sido despedidos

No hay bares ni tiendas abiertos, pero sí cajeras, limpiadoras, policías, trabajadoras de la dependencia y del hogar, taxistas, obreros, y teleoperadoras (en una larga lista de profesiones) que dejan cada jornada sus hogares para ir a trabajar. Más allá del debate que han iniciado los políticos, especialmente en Catalunya, sobre si debería haber una paralización total de la actividad durante el periodo de tiempo en el que dure el estado de alarma, la mayoría de los empleados que siguen en sus puestos lo que exigen son medidas y medios adecuados para enfrentar su labor diaria sin exponerse en exceso ni correr riesgos innecesarios que los lleven a contagiarse con el COVID-19.

A muchos de ellos, especialmente al personal sanitario, les llaman héroes. No se consideran tal, pero por vocación de servicio o por obligación para pagar las facturas cada día pisan la calle y se exponen a sí mismos y a los suyos al coronavirus para cumplir con sus contratos laborales. Estos días se trabaja con "miedo", reconoce la mayoría. 

Carmen, enfermera en un hospital

Carmen (nombre ficticio) es enfermera en un hospital público en la Comunidad de Madrid y, aunque en su día a día no está en la UCI ni en las urgencias, ahora todas las manos son pocas para frenar al coronavirus. "Estoy de refuerzo algunos días. En mi hospital no están las cosas tan mal como en otros de Madrid, pero necesitan apoyos". Cada día más. "Hay mucho curro porque es verdad que hay mucha gente enferma, la mayoría dan positivo y cada vez hay más gente que está muy malita en las UCI. Supone mucho estrés", reconoce la sanitaria.

Una de las circunstancias que afecta psicológicamente a los profesionales sanitarios es ser testigos de la soledad de los pacientes, contra la que han surgido iniciativas como el envío de cartas a los enfermos hospitalizados, aislados de sus seres queridos. "Esto se ve más en planta, que yo no estoy tanto, pero al final son personas que solo nos ven a nosotros y podemos pasar en algunos casos dos veces al día. Hay personas que mueren solas, si te paras a pensarlo, toca mucho", destaca la sanitaria. 

Los medios de protección, como las mascarillas, están bajo llave y no hay tantas como se necesitan. "Te dan una mascarilla al turno y la tienes que reutilizar. Los EPI te dan uno para todo el turno y todos los pacientes cuando se supone que lo tendrías que tirar con cada paciente y ponerte otro", asegura la enfermera. Cuando llega a casa, se "desinfecta" por completo para no contagiar a sus padres. "Es un poco contradictorio lo que siento: sé que voy a trabajar y me voy a exponer a mí y a mi familia. Ahí piensas que tal vez sería mejor tener otro trabajo. Pero no, soy enfermera y me siento bien yendo a trabajar y ayudando en esto. Voy con miedo, pero me siento bien", concluye.

Alfonso, policía nacional

Proteger a los demás sin protección para ellos mismos. Alfonso (nombre ficticio), policía nacional en Madrid, asegura que tiene que repartirse con una decena de compañeros "cinco mascarillas". "Seleccionamos si una actuación va a tener más riesgo y entonces usamos la mascarilla, porque si la usas ya se tiene que tirar… Pero todos los compañeros tenemos contacto con personas en estos días y no tenemos protección para todos", explica el agente. Los pocos medios que hay, asegura, han llegado esta semana. "La pasada no teníamos nada, compramos nosotros lejía y desinfectamos los coches, transmisores y demás", relata.

Fuentes de la Dirección General de Policía sostienen que "la demanda está cubierta a día de hoy y hacemos esfuerzos para que siga siendo así". Recuerdan que, tras el personal sanitario, los agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado son receptores prioritarios del material de protección que reparte el Gobierno central. "Vamos de los primeros en la lista y damos el material a los que están más en riesgo, como en el control de fronteras y de confinamiento de espacios, como ocurrió en Haro", señalan las fuentes oficiales.

Los policías nacionales están volcados en estos días en que la ciudadanía cumpla con las restricciones para frenar la epidemia y el Ministerio del Interior ha destacado su papel fundamental en esta crisis. "Les diría que bajen y vean lo que hay en la calle", responde el policía, que asegura que el personal está muy desprotegido en su labor diaria. Considera que la mayoría de la población cumple las restricciones, "pero me sorprende que con la información que hay siga habiendo gente que haga lo que quiere y, sobre todo, es gente mayor además". Alfonso recuerda que tienen que seguir cumpliendo con otras actuaciones no relacionadas con el coronavirus en las que se ven muy expuestos si no tienen protección. "Si te tienes que revolcar con una persona en el suelo, no sabes si está contagiada o no", subraya.

Isabel Viña, trabajadora de la dependencia

A Isabel Viña los agentes de la Guardia Civil que custodian las calles de Villaverde de Medina (Valladolid), de 500 habitantes, le dan ánimos. "Vamos en el coche y nos dicen, ¡adelante! ¡Muy bien! Antes ni te miraban", explica esta trabajadora de la dependencia de la Diputación de Valladolid, subcontratada a través de Sacyr Social, sobre su experiencia y las de sus compañeras. Acuden con sus vehículos para prestar atención domiciliaria en zonas rurales. "Es una complicidad especial entre unos y otros, que somos los que estamos en la calle. Se pasa muy mal", reconoce la trabajadora, que sabe que se expone al contagio cuando sale de su casa. 

En su profesión, las distancias de seguridad son imposibles. "Tenemos que estar en contacto con las personas, muchas están encamadas, tenemos que cambiarles el pañal, asearlas, vestirlas... Es inevitable el contacto", explica. Al regresar a su casa, tiene mucho cuidado de seguir concienzudamente los protocolos de desinfección. "Hay compañeras a las que les puede el miedo y están pidiendo servicios mínimos. Yo no los quiero, creo que ahora somos más necesarias que nunca. Hay muchos dependientes que tienen a sus familiares fuera, ahora no pueden desplazarse. Ahora nos necesitan más que nunca", repite.

"De que pase todo esto verán lo necesarias que somos", confía Isabel Viña. Las trabajadoras de la dependencia estaban inmersas en una larga batalla laboral por su convenio propio y el salario mínimo de 1.000 euros, que ahora ha quedado aparcada. "Somos de las trabajadoras más precarias. Tendremos que continuar con esta batalla, pero ahora no es el momento", afirma la trabajadora. Ahora lo que quiere Viña son más mascarillas, "que llegan a cuentagotas, aunque no tengo que recriminar a nadie porque todo el mundo está haciendo esfuerzos para que nos lleguen". 

Nuria Rodríguez, limpiadora en Liberbank

"Somos la primera línea de batalla frente al virus y no tenemos ni guantes". Nuria Rodríguez es limpiadora de una oficina de Liberbank en Gijón, subcontratada por la empresa Grupo Net desde enero. "Desde que nos subrogó esta empresa, antes estábamos con Acciona, hemos denunciado que no nos abastecen de nada. Ni lejía, ni guantes", cuenta. Tras muchas denuncias y en plena epidemia por coronavirus, este viernes han recibido en su oficina una caja con algunos productos de limpieza. "Pero no hay guantes ni bayetas. Tampoco lejía que es fundamental para desinfectar, yo he trabajado en quirófanos y se trabaja con lejía. No sé con qué creen que se limpia", critica Rodríguez. 

Fuentes del Grupo Net aseguran que este es un caso "puntual" y que las limpiadoras de la mayoría de los centros han recibido el material. "En Asturias se ha retrasado el envío por un problema logístico. Se va a recibir de tres proveedores distintos, uno del extranjero incluso, cuando lo habitual es que sea uno solo. Estamos haciendo un esfuerzo enorme para que no falte ningún producto", sostienen en la empresa de limpieza, que aseguran que desde la oficina de esta limpiadora no se pidió el material como correspondía. En Liberbank no hacen declaraciones al respecto. 

Nuria Rodríguez niega que la empresa no conociera la falta del material, de la que ha informado al encargado y han denunciando en los medios e incluso ante la Inspección de Trabajo. La limpiadora subraya que el desabastecimiento de sus medios de trabajo diarios lleva "desde enero". CCOO en Castilla-La Mancha también denunció a mediados de marzo la situación. La trabajadora reconoce que la empresa ha aumentado con la epidemia la limpieza y ahora es diaria, mientras antes iba a limpiar solo lunes, miércoles y viernes.

Las limpiadoras, fundamentales sobre todo estos días por su labor de desinfección, son un colectivo muy precarizado, a menudo con jornadas cada vez más cortas y misma carga de trabajo. El salario de Nuria suele ser de 440 horas por seis horas semanales. "Así nos tenemos que buscar otros trabajos. Yo limpio además dos portales". Ahora su temor es llevar "el bicho" a casa donde vive con sus padres, de unos 70 años, desde que la crisis las trajo mal dadas. "Muchas trabajadoras de la limpieza vivimos con personas mayores, que es personal de riesgo. Nos da mucho miedo".  

Raquel, teleoperadora en Transcom

Raquel (nombre ficticio) trabaja como teleoperadora en Transcom, empresa que da servicio a BBVA. Cuenta que esta semana, por fin, se tomaron precauciones para evitar contagios. "Un puesto sí, un puesto no… Pero los baños, mesas, sillas, teclado y ratones los compartimos. Somos muchas. Vas con un poco de miedo". La empresa no ha paralizado su actividad ni permite a sus empleados teletrabajar porque el cliente (el banco) no lo ha autorizado aún. "Los bancos se agarran a la Ley de Protección de Datos", continúa. "Transcom tiene también centro en San Fernando de Henares. Ahí los clientes son Orange e Iberdrola y los sindicatos sí están consiguiendo que se teletrabaje". Desde BBVA indican a eldiario.es que mantienen solo las actividades "críticas e imprescindibles que garanticen el funcionamiento del banco" y que por decreto deben seguir funcionando. "A las empresas que nos prestan servicios se les ha pasado recomendaciones en línea con las marcadas por las autoridades. Nos consta que están llevando a cabo medidas, como la habilitación de espacios alternativos".

El de los ‘call-centers’ es uno de los sectores que más dificultades está teniendo para conseguir que se cumplan los protocolos de prevención y para teletrabajar, por motivos técnicos y de seguridad. Los empleados de Konecta en Madrid pidieron a la autoridad laboral paralizar la actividad por no estar garantizada la seguridad. En Barcelona, 600 trabajadores de la misma compañía se rebelaron y pararon. En Jérez, la policía desalojó a mil trabajadores de Majorel tras comprobar las malas condiciones higiénicas del centro.

El volumen de trabajo ha aumentado para Raquel y sus compañeras. Los tiempos de espera aumentan y los clientes están irascibles al teléfono. "Esto es atención al cliente. Hay muchas oficinas de bancos cerradas y tenemos más llamadas", explica. "Hay cosas que desde banca telefónica no podemos hacer. Derivamos a los clientes a las oficinas, pero ellas les remiten a atención telefónica. La gente está muy molesta porque esperan mucho: que si la atención es pésima, que si no se lo puedes arreglar… Así está la situación". De cara a la próxima semana, espera que se extremen las medidas o que el banco permita el teletrabajo. "Al final, si muchos empleados cogemos el virus la empresa se queda sin personal", concluye. "Es por el bien de todos".

Daniel, trabajador de mantenimiento de Iberia

"La semana ha sido muy tensa y confusa. La empresa no ha dicho nada. Entrabas en la zona de trabajo y era otro mundo: ni prevención ni nada", cuenta Daniel (nombre ficticio), que trabaja en las instalaciones de Iberia en La Muñoza, donde realizan tareas de mantenimiento de aviones. "Guantes llevamos siempre porque trabajamos con productos químicos; la mascarilla te la tenía que aprobar el ingeniero si demostrabas que ibas a trabajar en una zona peligrosa. Y las mujeres de la limpieza, solo dos, no daban a basto". 

El miércoles, el comité se plantó y paralizó la producción. Y así han seguido estos días. "El comité se dedicaba a ir al hangar por la mañana y a sacar todo el mundo fuera", continúa. "Tú como trabajador no tienes ninguna potestad, pero si el comité de seguridad laboral corta la producción la empresa no puede obligarte a trabajar".

Daniel cogió días de libranza esta semana, de miércoles a viernes, y la que viene entera. Tiene familiares que son grupo de riesgo y espera quince días a verlos cada día que va a trabajar para no contagiarlos. "Es una psicosis. Quiero que hagan el ERTE ya para poder quedarme en casa", concluye. La compañía lo presentó el jueves pasado para 13.900 empleados. "Creo que están todas las empresas igual: esperando a que les aprueben el ERTE y, mientras tanto, haciendo ñapas para que vayamos todos a currar".

Marisol, cartera en Correos

La semana de Marisol (nombre ficticio), que reparte cartas y paquetes en Alcorcón, ha sido convulsa. Los sindicatos de Correos ya acusaron a la empresa de "irresponsabilidad mayúscula por poner en riesgo a la plantilla al no dotarla de medios de protección suficientes" y consideran que son un gran foco de infección.

"La semana pasada íbamos seis en las furgonetas en las que salimos desde la cartería", explica. El domingo, Correos publicó un detallado protocolo de actuación, pero los trabajadores denuncian que no se cumple estrictamente. "Se suponía que el lunes nos iban a dar guantes, mascarillas y geles, pero el lunes cuando llegamos no había nada. Dos paquetes de guantes para 83 personas", dice. Los carteros se negaron a salir a repartir y se quedaron clasificando en el centro. "El metro de distancia se guardaba de aquella manera".

"El martes volvimos", continúa. "Había mascarilla, gel y guantes. La mayoría salimos a repartir. Íbamos dos o tres por furgoneta. Creemos que tendríamos que repartir solo el Servicio Postal Universal, cartas de hasta dos kilos. Pero repartimos muchos paquetes. Algunos entran en el buzón, otros no. Al final tienes que subirlos a las puertas. Y yo tengo porteros que suelen cogerlos, pero ahora se niegan, como es lógico".

Marisol trabajó lunes, martes y miércoles, hasta que acudió a su médico de cabecera y le pidió la baja por haber estado en contacto con un contagiado. "Son 14 días", cuenta. "La empresa alega que tiene que ser por contacto directo, pero clasificamos juntos, no sé qué más contacto puede haber". Como ella, diez compañeros han conseguido que sus médicos les den la baja por contacto.

Luis, repartidor de comida a domicilio

Las calles desiertas, aún en las grandes ciudades, son una de las estampas de esta emergencia sanitaria. De los pocos elementos que permanecen sobre las calzadas respecto a los días pre-coronavirus son los repartidores de comida a domicilio o riders en sus bicis y motocicletas. Luis, venezolano repartidor de Uber Eats en Madrid, reconoce que aunque todavía hay trabajo se está notando un descenso en los pedidos. "Yo tengo un colchón y estoy trabajando las mismas horas, pero tengo compañeros que están más horas en la calle para poder llegar a las metas", explica el trabajador.

Autónomos sobre el papel, aunque la Inspección de Trabajo ya ha concluido lo contrario en Madrid, Luis se ha comprado por su cuenta guantes y un gel desinfectante. "Vi que Uber Eats nos daba como un bono de 25 euros o así para material, pero yo me lo compré por mi cuenta", afirma. Trabaja unas horas para cubrir las comidas y otras cuantas en la noche para repartir cenas. "Uso dos guantes por cada turno. Si uso unos guantes por cada cliente no me renta, me costaron 20 euros", cuenta el mensajero, que asegura que se lava con desinfectante antes y después de cada entrega. "En los días que he trabajado son más los clientes que te cogen el pedido en mano en su puerta que los que te dicen que lo dejes en la puerta o a la salida del ascensor", relata.

Gilma Martínez, empleada doméstica

"Tengo miedo de contagiarme y de contagiar al abuelo, pero si no trabajo no tengo paro. No me queda otra, necesito el trabajo", explica Gilma Martínez. Tras 17 años trabajando en España no tiene derecho a paro, como todas sus compañeras, empleadas domésticas, las únicas trabajadoras en España sin derecho a paro. El pasado Gobierno de Pedro Sánchez prometió ratificar el convenio 189 de la OIT, que supone reconocer el desempleo a las trabajadoras del hogar, pero finalmente quedó pendiente. La mujer, miembro de REDHMI (Red de Hondureñas Migradas), cuida en las noches a un señor de 100 años. "Su hijo trabaja por las noches en una clínica privada, así que alguien se tiene que quedar con el abuelo", explica.

Martínez tiene miedo a contagiarse y, sobre todo, a infectar al señor del que se hace cargo. Todos los días se desplaza en autobús desde su casa al domicilio del 'abuelo'. "Si él lo coge, no sale. Pero el hijo me dice que él también puede llevar el virus, que podemos ser cualquiera de los dos", cuenta. La mujer reconoce que, pese a sus temores a enfermar y llevar el virus a casa con sus hijas, no puede rechazar el trabajo. "No tengo paro, mientras pueda tengo que trabajar. En peor situación están muchas compañeras sin papeles, a las que de un día para otro las están echando y no tienen cómo pagar sus habitaciones. Estas historias existen, son personas de verdad", destaca. Colectivos de trabajadoras domésticas han denunciado el abandono del Gobierno en las medidas laborales aprobadas.

Ángel, trabajador de Amazon

"Entre las medidas que se han tomado fuera y las de dentro hay incongruencia", explica Ángel (nombre ficticio), que trabaja en el centro de San Fernando de Henares de Amazon. "Hay cosas que no se pueden controlar con tantos trabajadores ahí dentro. Solo pedimos que las condiciones sean buenas, porque hay gente que está entrando en pánico".

La semana pasada, Amazon confirmó tres casos de coronavirus en dos de sus centros logísticos pero descartó parar la producción. En Estados Unidos, la empresa busca contratar a 100.000 empleados para hacer frente al aumento de pedidos de estos días. En España ha anunciado que busca 1.500. En San Fernando de Henares, explica Ángel, de momento serán 300. "Tenemos ahora más trabajo que en el pico de noviembre a febrero [cuando coinciden el Black Friday y Navidad]. Devoluciones hay pocas, pero nos han dicho que el negocio ha subido un 12,5% respecto a las mismas fechas del año pasado. Y no solo productos de primera necesidad. Hablamos de videojuegos, de Kindles…".

La incorporación de nuevos empleados genera aún más incertidumbre en la plantilla, porque no sabe si traerán el virus con ellos. "La gente está nerviosa y las medidas no son suficientes. Se preguntan: ¿vendrán infectados? El pánico es generalizado", concluye. Entre las opciones que ha ofrecido la empresa para que los trabajadores se vayan a casa están los permisos no retribuidos, las vacaciones y consumir horas extra acumuladas. "Yo he estado toda la semana trabajando, pero tenía una bolsa de horas pendientes y me han obligado a cogerlas. En cualquier caso, creo que las medidas son insuficientes".

Rafael Martínez, taxista

Las taxistas, como servicio público de transporte, han visto regulada su actividad en Madrid y salen los días pares o impares según cómo termine su número de matricula. "Ha caído el 80% de la facturación ahora mismo. No hay nadie en las calles, así que lo que estamos trabajando mi jefe y yo es de la base de clientes que tenemos, gente que nos conoce y nos suele llamar, pero al final la gente se desplaza poco. Alguna firma en notaría, gente que va a tratamientos de cáncer o a una prueba al hospital, pero son cosas muy puntuales y de fuerza mayor", relata el taxista, que cree que al final será inevitable que su jefe le haga un ERTE. "Casi mejor, es que no hay trabajo y no es sostenible".

Como medida de seguridad, los desplazamientos los está haciendo con las ventanillas bajadas, lleva guantes y mascarilla al igual que las personas que se han montado en el taxi. "Además, limpiamos con gel desinfectante los agarramanos y la superficie del vehículo", relata. Con tan pocos clientes y el riesgo de contagio, el ánimo va decayendo. "El otro día volvía peor de ánimo. Das vueltas y vueltas y ves la cuidad desierta, pero desierta. Y todas las paradas de taxi llenas, todos los compañeros en paradas, pero dentro del coche porque no podemos estar fuera hablando", relata el conductor.

Raquel y Alberto, apicultores

Como relatan los transportistas en estos días, lejos de Madrid (gran foco de la epidemia), también se notan los efectos del coronavirus. Raquel y Alberto son apicultores. "Pertenecemos a la cooperativa Montemiel de Fuenlabrada de los Montes, en Badajoz, donde el 90% del pueblo son apicultores", explica la mujer. En estos días ha comenzado la campaña para el sector y "en unos 15 días o así empezaremos a sacar miel. A raíz de ahí, notaremos si se vende o no se vende".

Raquel explica que ahora empieza la campaña y "cada dos por tres tenemos que salir de casa a ver las abejas, a quitarlas miel, a trabajar con ellas". No pueden hacer el confinamiento, asegura, porque ahora están de temporada. "Somos trashumantes, no las tenemos siempre en el mismo lugar. Vamos según la flor, las dejamos donde hay floración. Mi marido ahora mismo está en Alicante y de ahí las va a llevar a Albacete. Luego la semana que viene o la otra las tiene que llevar a Huelva".

Generalmente, la pareja hace estos trayectos junta, pero en esta ocasión han decidido que solo se exponga Alberto y Raquel se quede con sus hijas. "Se fue ayer y llegará a casa mañana. En estas circunstancias no puede pararse a dormir en ningún hotel, porque están cerrados y, aunque estuvieran abiertos, te expones al contagio en un sitio totalmente desconocido", afirma la apicultora.

Guillermo, encargado de almacén

"Lo que nos dijeron del comité de empresa es que mientras el Gobierno no ordene cerrar, la dirección no va a cerrar", explica Guillermo, encargado de almacén en una empresa de ventiladores en la Comunidad de Madrid, donde empaquetan los pedidos y hacen tareas de logística. A unos 200 metros, están los compañeros de fabricación de los aparatos. "En mi almacén somos poquitos y no nos tocamos, nos mandaron gel y solemos llevar guantes. Hoy me han dicho que un compañero no ha ido porque tenía fiebre así que no sabemos", cuenta el trabajador. 

Su sensación no es de mucha inseguridad, reconoce, "aunque siempre te puede tocar la china, trabajamos con mercancía de la fábrica que tampoco sabemos qué tiene". Lo que sí hay es incertidumbre entre la plantilla sobre cómo terminará esta emergencia. "Mi empresa trabaja en todo el mundo, América, Asia... Así que seguimos exportando porque las mercancías pueden salir. Lo que ha bajado muchísimo es todo lo nacional", cuenta el trabajador, por lo que no saben si al final la empresa tendrá que hacer un ERTE. 

El trabajador reconoce que le alivia "salir y mantener un poco la rutina". Su pareja, maestra, está en casa todo el día y el encierro cree que le inquietaría aún más. Guillermo ha podido adaptar además su jornada para encargarse de su niña pequeña por las mañanas y permitir el teletrabajo de su pareja. Con motivo de la epidemia, los trabajadores tienen más derechos de conciliación a adaptar y reducir la jornada para cuidar durante esta crisis.

La Unión Europea nace de la guerra. De la Gran Guerra. Del conflicto dramático entre Alemania y Francia; de una frontera convertida en un campo de batalla durante la primera mitad del siglo XX. La Unión Europea nace de la guerra entre vecinos y de la guerra ganada al nazismo y el fascismo.

"Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho", dijo Robert Schuman, ministro francés de Exteriores, el 9 de mayo de 1950, en una declaración que alumbró la Comunidad Europea del Carbón y el Acero. Hacía cinco años que había acabado la Segunda Guerra Mundial –de hecho, el 9 de mayo de 1945 fue declarado por la URSS Día de la Victoria–, y se trataba de evitar una tercera a través de una alianza de paz entre Francia y Alemania.

"Crear una solidaridad de hecho" 70 años después, ante una crisis equiparable a la que se vivió entonces, es el reto que tiene la actual generación de líderes europeos.

Los jefes de Gobierno de la UE se están reuniendo todas las semanas por videoconferencia, como también lo hacen sus ministros de Finanzas. Pero han sido incapaces de tomar más decisiones rápidas, coordinadas y contundentes ante la crisis del coronavirus, si bien algunos de ellos, como el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, la han comparado con tiempos de guerra.

Y, ante ese enemigo, la UE no está respondiendo unida. Al contrario.

Una docena de países, incluido España, decretaron el cierre de sus fronteras interiores suspendiendo el acuerdo de Schengen, a pesar de que la Comisión Europea lanzó dos mensajes: que en tanto que el coronavirus estaba presente en todos los países, de nada servía cerrar las fronteras interiores; y que se hiciera el cierre de las fronteras exteriores a nacionales de terceros países para salvaguardar el mercado interior, uno de los pilares de la UE.

Pero de poco sirvió.

Bruselas, en todo caso, lanzó unas directrices para el cierre de fronteras, reclamando pasillos verdes para no bloquear el movimiento de bienes, entre ellos el material médico que falta en algunos países.

¿La respuesta? Imágenes de colas de 60 kilómetros de camiones en la frontera entre Alemania y Polonia; y de médicos chinos entregando material sanitario a Italia ante la incapacidad y negativa de sus socios comunitarios a vendérselo: un avión de Shanghai cargado con 30 toneladas de material médico y un equipo de nueve expertos que contribuirán a luchar contra el coronavirus.

Mientras los Estados no se ponen de acuerdo para una respuesta coordinada ambiciosa –ya sea en formato de 27 o de 19 en la zona del euro–, las entidades que intentan mantener la iniciativa son, precisamente, las que no responden a un mandato democrático –a diferencia de los gobiernos nacionales–, como la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

En efecto, la Comisión Europea, que en realidad depende siempre del visto bueno de los Estados para aplicar sus propuestas, apostó desde el principio por relajar normas fiscales –cosa que ha llevado este viernes a proponer la activación de la cláusula de escape–; por una respuesta coordinada en lo relativo a las fronteras; por la compra conjunta de material médico –para que Italia no necesite pedirlo a China–; por la movilización de recursos –un fondo de 25.000 millones– e, incluso, por la puesta en marcha de coronabonos: bonos europeos para financiar los recursos para la lucha contra el COVID-19.

Los coronabonos podrían movilizar los 410.000 millones que tiene el fondo de rescate europeo –el Mecanismo de Estabilidad, MEDE–, que se sumarían a los 750.000 millones que anunció el BCE el miércoles por la noche –que se añaden a su vez a los 120.000 millones de la semana anterior–. Así, Christine Lagarde, presidenta de un organismo federal europeo, llega mucho más lejos en una semana de lo que han llegado los 19 gobiernos del euro en sus reuniones del Eurogrupo.

De ellos, de los gobiernos del euro, depende que se ponga en marcha una ambiciosa acción coordinada como representarían los eurobonos del coronavirus. Es previsible que este martes se reúnan los ministros de Finanzas, antes de la reunión de los jefes de Estado y de Gobierno del 26 de marzo.

Unos jefes de Estado y de Gobierno que, desde que empezó la crisis, no han hecho de la mano nada más que acordar el histórico cierre exterior de sus fronteras y dar el visto bueno a la flexibilidad de las normas fiscales para los gastos relacionados con la pandemia.

Europa tiene ante sí "la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial", según Angela Merkel; "una guerra", según Emmanuel Macron. Pero, de momento, se está demostrando incapaz de dar una respuesta ambiciosa coordinada a la crisis del coronavirus.

Pedro Sánchez ha advertido de que los peores momentos por la crisis del coronavirus están aún por llegar en España, donde se prevé que el número de infectados aumentará así como los fallecimientos. "Los casos diagnosticados y fallecidos van a aumentar en los próximos días estamos en momento critico y van a llegar días muy duros". "Nos tenemos que preparar desde el punto de vista psicológico. Tenemos que llegar al fin de la semana que viene muy fuertes", ha afirmado. 

"Desgraciadamente lo peor está por llegar", ha reconocido Sánchez en la misma línea de lo que aseguró el miércoles en el Congreso durante el debate del decreto del estado de alarma. Sánchez ha comparecido en el Palacio de la Moncloa pasadas las 21 horas para hacer coincidir su declaración con los informativos justo una semana después de que el Consejo de Ministros aprobara el decreto del estado de alarma con el que limitó los movimientos de los ciudadanos y asumió el mando único para ir tomando medidas con el fin de reducir la expansión del coronavirus. 

En su intervención, que se ha prolongado durante más de cuarenta minutos antes de contestar las preguntas de los periodistas, Sánchez ha reclamado a todas las administraciones públicas así como a los responsables políticos unidad ante la crisis generada por la pandemia en la semana en la que han llegado múltiples críticas, especialmente desde las comunidades autónomas por los problemas en el reparto del material sanitario. 

"Lo importante es mantener la unidad. Nadie de mi Gobierno va a polemizar con ninguna autonomía ni partido político. El enemigo de verdad es el de todos. Si alguien polemiza nosotros conciliaremos", ha afirmado Sánchez, que ha recibido críticas de varias comunidades, especialmente de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y de el catalán, Quim Torra. 

Sánchez ha descartado el confinamiento total que reclama el Govern y ha reiterado que las medidas adoptadas por España han sido las más drásticas de Europa y de muchos países del mundo. También ha insistido en que el "aislamiento" decretado por el Gobierno se ha demostrado como una de las "más eficaces" para frenar la expansión. 

El presidente ha explicado siete días después de que se hiciera efectivo el confinamiento que era necesario como fase de "mitigación" para acabar con la expansión del coronavirus. El objetivo, según ha señalado, es "ganar tiempo para preparar nuestro sistema sanitario mejor y lograr resultados científicos". El reto es limitar el número de contagios para evitar el colapso en los hospitales mientras los expertos buscan fórmulas de acabar con la enfermedad. "Si nos quedamos en casa conseguiremos que muchas personas que queremos sigan respirando", ha expresado. 

Fuentes gubernamentales admiten que el actual es "un momento difícil" puesto que se ha alcanzado el "ecuador del real decreto" -el estado de alarma se decreta por un periodo de quince días prorrogables otras dos semanas si lo autoriza el Congreso-, "sin alcanzar el pico" máximo de contagios de la enfermedad a partir del cual la curva puede empezar a revertirse. 

El último dato ofrecido por el Ministerio de Sanidad es de 24.926 personas detectadas con el virus -de ellas están ingresadas en la UCI 1.612- y de 1.326 fallecidos. El total de curados es de 2.125.

El Gobierno italiano ha anunciado las cifras del impacto del coronavirus en el país. Este sábado se han contabilizado 793 muertos en las últimas 24 horas, lo que eleva la cifra de fallecimientos a 4.825. Los contagios también siguen creciendo, con un total de 42.681 infectados, 4.821 más que en el día anterior. 

Los datos los ha suministrado Angelo Borrelli, jefe de la Protección Civil italiana, y constatan un incremento en todos los aspectos. En el apartado de las recuperaciones hay un total de 6.072, 943 más desde la última actualización oficial.

Una de las regiones más castigadas por el coronavirus es Lombardía, donde los positivos han aumentado en 3.251 personas en las últimas 24 horas. Allí hay hasta 1.093 personas hospitalizadas en la UCI, según ha anunciado el concejal Giulio Gallera. "Es una batalla que debemos ganar y todos deben estar en condiciones de ganar este desafío", ha señalado en su comparecencia.

Italia es el país con mayor número de casos activos por COVID-19. Este jueves el país había superado oficialmente a China en número de muertes, con 3.405 fallecimientos en territorio italiano, frente a los 3.245 en China (3.248, este jueves), con menos de la mitad de casos detectados.

Según los últimos datos analizados por el Instituto Superior de Salud italiano, el perfil de las personas que no logran superar la enfermedad es el de un hombre de 80,5 años.

Sanidad informa de que los primeros 640.000 test rápidos para detectar el coronavirus "irán llegando a lo largo de los próximos días" y aclaran que el Gobierno tiene "la capacidad de llegar a un millón" de estas pruebas. Además, han explicado que en nuestro país se han realizado 355.000 pruebas de coronavirus, las autoridades sanitarias estiman que diariamente se han realizado alrededor de 15.000 o 20.000 test, y esperan que esta cifra vaya incrementándose.

En la rueda de prensa diaria que celebra el Ministerio, la portavoz del Instituto de Salud Carlos III, Raquel Yotti, ha explicado que están trabajando en incrementar la media diaria. "Se ha diseñado un plan para automatizar PCR [pruebas] con robots, que hacen miles de muestras", ha apuntado. Además, ha detallado que están trabajando en la adquisición de cuatro robots, con los que estiman que podrían llegar a realizar 80.000 pruebas diarias. 

Por primera vez no ha atendido a los medios de comunicación Fernando Simón. El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias no ha participado en la rueda de prensa de este sábado porque ha presentado un cuadro de tos. Antes de que comenzase la intervención de los portavoces del Gobierno, han aclarado que el responsables de esta entidad pública ha dado negativo en las pruebas de coronavirus. 

Además, en esta comparecencia Sanidad ha evitado poner fecha al día en el que se alcanzará el pico de la pandemia en nuestro país. En una rueda de prensa celebrada este sábado, la jefa de área del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Maria Jose Sierra, no planteó ningún plazo. "Con exactitud, ni nosotros ni nadie, lo puede saber", ha reseñado, para destacar posteriormente que sí cree que las "las medidas de distanciamiento social" van a tener "un efecto" en la curva. Hace 48 horas, Fernando Simón, el director del centro, aseguraba que ese máximo se alcanzaría "en muy pocos días".

Actualmente, están trabajando para saber "con mayor aproximación en qué punto" se encuentra nuestro país. "Los datos nos dicen que estamos subiendo, que el pico no será igual en todas las comunidades autónomas. Habrá impactos mayores y menores, dependiendo del momento y la manera en la que se han aplicado las medidas", ha apuntado.

Las últimas cifras aportadas por el Ministerio de Sanidad recogían un ascenso del número de personas fallecidas por coronavirus, este sábado se han contabilizado 1.326 muertos, 324 más que los registrados en el balance anterior. En total, se han registrado 24926 personas infectadas y 2.125 recuperadas. Por comunidades autónomas, Madrid sigue siendo la que más casos registra, 8.921, seguida de Catalunya (4.203) y País Vasco (1.725).

Las personas fallecidas con coronavirus en España han ascendido a 1.326 según las últimas cifras facilitadas por el Ministerio del Sanidad en la página web sobre la epidemia, 324 más que los registrados en el balance anterior. Los datos, apunta dicha web, son los contabilizados hasta las 20.00 horas del viernes. En total, las administraciones españolas han registrado 24.926 casos de personas infectadas, un 24% que los 19.980 del viernes, de las que ya se han recuperado 2.125. 

Por comunidades autónomas, Madrid sigue siendo la que más casos registra, 8.921, seguida de Catalunya (4.203), País Vasco (1.725), Andalucía (1.515), Castilla y León (1.466) y Castilla-La Mancha (1.423).

La realidad ha superado todas las previsiones que tenía el Gobierno sobre el número de contagios de COVID-19. Justo antes del estado de alarma, Pedro Sánchez avisaba de que esta semana podríamos llegar a los 10.000 infectados. Eso teniendo en cuenta además que, desde hace unos diez días, en las zonas de transmisión comunitaria y debido al colapso de los laboratorios, ya no se hacen pruebas a pacientes leves, por lo que no están incluidos en esas estadísticas.

A los que no presentan complicaciones solo se les pide que se aíslen y eviten contagiar, sin tener el confirmado. Pero Sanidad lleva días anunciando "tests rápidos" que vuelvan a extenderse a toda la población con síntomas, independientemente de su gravedad. Si lo aplican, la cifra de transmisiones previsiblemente se disparará de un día para otro muy llamativamente.

Por ese motivo, Fernando Simón, coordinador del Centro de Alertas y Emergencias de Sanidad, llamaba este viernes a fijarse, si se da ese incremento, en lo que son los "datos de los grupos estables: gente hospitalizada y en UCI". Lo que hace Sanidad al impulsar 'tests rápidos' es hacer caso a la Organización Mundial de la Salud, que ha pedido a los países "tests, tests, tests, cuantos más, mejor". Pero, advertía Simón, "no sabemos cuánto van a poder incrementar los casos" totales un programa así y "tendremos que explicar con cuidado" los resultados.

La realidad ha superado todas las previsiones que tenía el Gobierno sobre el número de contagios de COVID-19. Justo antes del estado de alarma, Pedro Sánchez avisaba de que esta semana podríamos llegar a los 10.000 infectados. El viernes hemos superado los 20.000. Eso teniendo en cuenta además que, desde hace unos diez días, en las zonas de transmisión comunitaria y debido al colapso de los laboratorios, ya no se hacen pruebas a pacientes leves, por lo que no están incluidos en esas estadísticas. A los que no presentan complicaciones solo se les pide que se aíslen y eviten contagiar, sin tener el confirmado. Pero Sanidad lleva días anunciando "tests rápidos" que vuelvan a extenderse a toda la población con síntomas, independientemente de su gravedad. Si lo aplican, la cifra de transmisiones previsiblemente se disparará de un día para otro muy llamativamente.

Por ese motivo, Fernando Simón, coordinador del Centro de Alertas y Emergencias de Sanidad, llamaba este viernes a fijarse, si se da ese incremento, en lo que son los "datos de los grupos estables: gente hospitalizada y en UCI". Lo que hace Sanidad al impulsar 'tests rápidos' es hacer caso a la Organización Mundial de la Salud, que ha pedido a los países "tests, tests, tests, cuantos más, mejor". Pero, advertía Simón, "no sabemos cuánto van a poder incrementar los casos" totales un programa así y "tendremos que explicar con cuidado" los resultados.

Es decir, la 'curva' bajará cuando se reduzcan los casos totales de coronavirus en España y con ellos también el riesgo de transmisión. Pero, sobre todo, cuando se llegue al pico 'en bruto' de gente grave y crítica por el coronavirus que requiere asistencia sanitaria. Es esa atención lo que está llevando más allá de su límite al sistema sanitario. "Lo de ahora hay que interpretarlo con cuidado", insistía Simón, porque las cifras están infrarrepresentadas. Pero, si conocemos todos los datos, podremos tener "más evidencias" del mapa del impacto del COVID-19 en España y de la tasa real de letalidad. Las detecciones, como consecuencia, se van a multiplicar.

La primera vez que Sanidad informó de un paciente en UCI por el COVID-19 fue el 4 de marzo, cuando había 14 en unidad de críticos. Este 20 de marzo había 1.141. Hospitalizados, ya sea graves o críticos, hay 10.542, un poco más del 50% del total de los confirmados hasta ahora (cuando ya no se cuentan los leves domiciliarios). La tasa es mucho más alta en Madrid, donde la sanidad está totalmente desbordada. Las cifras de la región se explica por la magnitud de la epidemia en la zona, que comenzó antes, y por los brotes en residencias de ancianos, población vulnerable con más riesgo de acabar en el hospital. Desde el inicio de la crisis también ha habido 1.585 altas en toda España.

Sanidad calculó al inicio de la crisis el "mejor" escenario como de un mes de restricciones para la población, con acciones que se irían relajando según los datos. La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) marcaba dos parámetros que anunciarán 'buenas noticias'. Una, que el ritmo de positivos se reduzca de manera estable (del jueves al viernes ha habido un aumento de confirmados del 16%), algo que la Comunidad de Madrid espera para el 25 de marzo. Otra, que comience a haber más personas dadas de alta que casos activos, quizá alrededor del 15 de abril.

Pero todas las cifras y su aumento o disminución tienen el matiz de que los criterios para identificar casos han ido cambiando a lo largo del tiempo y no son lineales: al principio solo se hacían pruebas a personas que venían de China, a lo que se sumó Italia como lugar de riesgo; luego se añadieron las neumonías de origen desconocido; más tarde todos los que tuvieran síntomas; días después se quitó a los leves, y ahora se pretende reincorporarlos.

Por eso, Alberto García-Basteiro, investigador en epidemiología de Hospital Clínico de Barcelona, también pedía poner el ojo, más que en el total, en el momento "en que se reduzca el número de hospitalizaciones y el número de gente que ingresa en la UCI. También en los fallecimientos". "El tiempo que tarda la gente que acaba en la UCI desde que se contagia puede ir de los 12 a los 17 días, ese sería el plazo para notarlo en eso", añadía García-Basteiro, sobre el tiempo que pueden tardar los efectos. El 'Día 0' oficial de confinamiento en todo el país fue la medianoche del sábado 14 al domingo 15, cuando se decretó el Estado de Alarma.

Manuel Franco, epidemiólogo experto en Salud Pública de la Universidad de Alcalá, recuerda que, efectivamente, "para conocer una tendencia siempre tienes que seguir los mismos criterios. Y eso ya no ha sido así". Pero no es malo ir cambiando el protocolo según la situación porque todo "va un poco unido": "Hay que reducir la curva de ingresados. Pero también conocer la realidad del coronavirus en España. Si ahora testáramos, por ejemplo, a toda la Comunidad de Madrid, probablemente los números se multiplicarían de forma que nos asustarían. Pero no sería necesariamente malo: se intensificaría el control de los casos para romper las cadenas, la gente sería consciente de que lo tiene y puede contagiar y pondría aun más medidas, y conoceríamos exactamente la letalidad".

"Hay que mirar el número bruto de hospitalizados, sí", resume Franco, pero "ampliar los tests hará que se reduzca el porcentaje de población ingresada y, también, que aumente la población que sabemos que está en riesgo de acabar ingresado. A lo mejor no necesitas estar en la UCI, pero sí más controlado. Conocer es bueno, implicará cuidarlo todo al máximo. El conocimiento de la realidad nos va a hacer más fuertes y nos hará prepararnos mejor para todo esto".

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